Características evolutivas de los chic@s en la Etapa de Ed. Secundaria

 

La incorporación a la etapa de Educación Secundaria coincide con una época de cambio y transición. Al inicio de la ESO nuestros hijos se encuentran en plena preadolescencia. Si bien no se pueden establecer límites cronológicos en el paso de un periodo vital a otro, podemos determinar el inicio de la adolescencia en las niñas entre los 12 o 13 años y en los niños un año después.
Tradicionalmente ha sido considerada una edad difícil. Esta dificultad no sólo se debe a la situación concreta del adolescente, sino también a las dificultades que tenemos los padres para adaptarnos a los cambios que se van produciendo. Hasta ahora, los padres nos hemos acostumbrado a la infancia de nuestros hijos, pero con frecuencia nos resulta difícil aceptar los cambios realmente experimentados. Es fácil que en nuestra memoria permanezca el recuerdo de un niño con formas redondeadas y ávido por recibir nuestra atención, mientras que cuando nos cruzamos por el pasillo nos encontramos con un hijo con un crecimiento desproporcionado...

Además de no demandar que pasemos nuestro tiempo con ellos, se encerrarán en su cuarto a hablar interminablemente por teléfono, o a escuchar música con un volumen que, con toda seguridad, estará por encima del que consideraremos adecuado. A su vez, nuestros hijos no entenderán nuestra actitud y respuesta en diversas situaciones.

Entre otras razones, la llamada crisis de la adolescencia está condicionada por la dificultad que los padres presentamos para adaptarnos a todos los cambios que nuestros hijos van experimentando, tratándolos como niños cuando ya han dejado de serlo. La ambigüedad que vive el adolescente se ve reforzada por la ambigüedad en el trato que recibe por parte de los adultos que le rodeamos.


Desarrollo físico

El paso de la etapa de Educación Primaria a la etapa de Educación Secundaria coincide con la aparición de la pubertad, produciéndose importantes cambios físicos. Durante el primer ciclo (12-14 años) se observan los primeros cambios de voz, la aparición de acné... es decir, entran en la pubertad.
Además, durante estas edades se produce el desarrollo de los caracteres sexuales que repercute en la conciencia de su propio cuerpo, de los cuidados que requiere, el creciente interés por el otro sexo, etc.

El desarrollo físico va a tener una gran repercusión en el desarrollo emocional y personal del adolescente, debido al importante peso que se confiere durante esta etapa al aspecto físico.


Desarrollo afectivo

En la etapa que se encuentran nuestros hijos es frecuente que las emociones que sienten se hagan más intensas y variadas. Comienzan un proceso en el que buscan su identidad adoptando durante el mismo distintas identidades, con frecuencia extremistas. Por poner un ejemplo, pueden pasar de definirse como ateo a adoptar una postura de creencia fehaciente.
El tener en cuenta la intensidad con la que intentan vivir todas sus experiencias, nos ayudará a buscar una explicación a sus cambios bruscos a nivel personal. Esto conlleva un vuelco importante hacia sí mismo que, a su vez, necesita invertir una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en sus relaciones sociales, ya que de éstas recibe gran información sobre lo que actualmente es y lo que le gustaría que fuera su propia identidad.


Desarrollo social

La integración social cobra un papel de gran importancia en estas edades, produciéndose de forma paralela una progresiva emancipación de los adultos de referencia.
El adolescente muestra una preferencia marcada por su grupo de iguales, que se realiza de forma autónoma. En esta etapa, nuestros hijos comienzan a ¿desligarse¿ poco a poco de nuestro núcleo familiar para comenzar a establecer lazos más sólidos con su grupo de iguales, compuesto ya tanto por chicos como por chicas. Estos cambios deben ser valorados y apoyados por nosotros, ya que en este período nuestros hijos comenzarán a forjarse sus propias ideas, empezarán a cambiar sus actitudes ante lo que les rodea y surgirán modificaciones en su esquema de valores.

Los conflictos generacionales surgen cuando el adulto limita sus deseos de progresiva independencia.


Desarrollo intelectual


Los adolescentes de la ESO han conseguido un pensamiento más elaborado que en etapas anteriores; se encuentran en lo que algunas teorías denominan pensamiento formal. Este nuevo cambio en los procesos intelectuales, está caracterizado por la abstracción del pensamiento, es decir, pueden comenzar a trabajar en el mundo de las posibilidades, de las hipótesis, planteándose la viabilidad de las mismas y posteriormente comprobando estos datos.
A partir de los 11 o 12 años, cuando nuestros hijos se sitúen ante un problema o situación determinada buscarán la solución planteándose varias hipótesis explicativas de la situación. Elaborarán enunciados verbales sobre las situaciones posibles. Posteriormente pasará a comprobarlos uno a uno, para confirmarlos o desecharlos. Por tanto, serán capaces de aplicar un razonamiento deductivo.

Además, no sólo tendrán en cuenta los datos posibles o reales de los que disponen, sino que serán capaces de prever otras posibles situaciones. La causa o solución al problema no se concretará en un solo efecto, sino que será capaz de considerar la combinación de varias causas.

Por ejemplo, ante un problema de matemáticas, probablemente, comenzarán analizando y determinando lo que se les pide, a continuación se plantearán posibles alternativas de solución, lo compararán con otros problemas similares y analizarán de forma intuitiva la viabilidad de los posibles resultados. Finalmente, seleccionarán de forma razonada la alternativa o solución más adecuada.


Desarrollo del lenguaje

Obviamente, en esta etapa la estructura del lenguaje oral y gran parte de su vocabulario está adquirido. No obstante, y teniendo en cuenta que en este periodo las relaciones sociales son básicas, el lenguaje juega un papel fundamental tanto en la regulación de su pensamiento como en su desarrollo personal y social.
Finalmente, y como se ha venido comentando, en la etapa de la adolescencia, nuestros hijos descubren muchos aspectos hasta ahora novedosos para ellos. Ayudarles a mostrarse interesados por el medio que les rodea, por quienes comparten este medio con ellos, por las relaciones establecidas, etc. le ayudará a estar satisfechos con el esfuerzo que supone la adquisición y uso de nuevos conocimientos (académicos y personales) y a implicarse de forma activa en este proceso de cambio.