Los niños juegan con la tierra
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| El niño, a diferencia de los adultos, se relaciona con la tierra sin mantener distancia. La tierra tiene un poder mágico para los niños que les hace tomar contacto con las sensaciones que le ayudan a tomar conciencia de la realidad. En el primer año el niño toca la tierra con las manos y se la lleva a la boca. Sus juegos son en solitario, la toca, a veces la lanza hacia lo alto o sobre sus zapatos, como si intentara tapar los pies. Durante los dos años cubren y descubren con las manos una superficie, comienzan a jugar con el cubo y la pala, se acercan a otro niño, tratan de comunicarse acercando su mano llena de tierra a la boca del compañero, ellos dicen: "estamos comiendo": Al cumplir los tres años comienzan a formar grupos, compartiendo los recipientes, moldes y palas, a veces alguno lanza la tierra a la cabeza del compañero demostrando que está irritado o enfadado y que quiere jugar con los demás. Si se le pregunta él trata de justificarse diciendo: "él me ha echado tierra y yo también se la echo". A los tres y cuatro años lanzan la tierra sobre sí mismo y dicen -"me estoy rebozando de tierra"- invitando a otro compañero para que le imite (comienza el juego en pareja). En esta edad despierta la curiosidad, en niño investiga mezclando arena seca con arena mojada o añaden agua, el cambio de color y tacto les produce satisfacción. Están haciendo comidas, casas, tejados, ... ellos dicen: "somos trabajadores". Les gusta enterrar objetos, hacer montañas muy altas hasta el techo y además que sus compañeros respeten su obra. Hacen agujeros con las manos, con palas, si les preguntas dicen: "estoy haciendo un túnel", "busco un tesoro", "es una trampa para osos", etc. Observar a los niños, nos permite conocer la influencia de los factores que inciden en la riqueza educativa del juego con la tierra y llevar a cabo un proyecto para mejorar nuestra propia intervención. |
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