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El uso del lenguaje de los mensajes cortos
de móviles comienza a trasladarse a aulas y exámenes, con el
consiguiente empobrecimiento de la escritura.
Que la
masificación en el uso de teléfonos móviles ha supuesto una revolución
en el mundo de las comunicaciones personales no es un secreto para
nadie. Aunque pocos se hubieran atrevido a afirmar que la popularidad de
los mensajes cortos (SMS) entre los jóvenes iba a conducir a un
empobrecimiento del lenguaje escrito que ya se percibe en la relación de
los alumnos con la escuela. Una situación que preocupa a los profesores
y que algunos analistas relacionan con los bajos resultados obtenidos en
el último informe de la OCDE sobre la situación de los sistemas
educativos de los países desarrollados.
Lenguaje paralelo
Los SMS (Short Messages Service, servicio de mensajes cortos) son hoy
una de las formas predilectas de comunicación en jóvenes de entre 14 y
24 años. De hecho, más del 90% de ellos utiliza este sistema para sus
relaciones personales. Lo que en un principio surgió como un
recordatorio de citas y datos concretos, ha ido ampliando su finalidad
hasta convertirse en una forma barata e instantánea de ponerse en
contacto.
Como su propio nombre lo indica, los mensajes cortos tienen una
limitación de espacio evidente (hasta 160 caracteres), lo que ha aguzado
en los jóvenes una especial aptitud a la hora de adecuar el lenguaje
escrito a los requerimientos técnicos. Esto ha llevado a la ‘creación’
de una suerte de lenguaje paralelo en el que la agrupación de fonemas ha
supuesto la aparición de nuevas abreviaturas, mientras que los acentos,
los signos de puntuación y otros elementos de la escritura son casi
elementos del pasado.
Exámenes SMS
Los profesores y profesoras han sido los primeros en dar la señal de
alarma: al empobrecimiento lingüístico general que supone la primacía de
la cultura audiovisual, se suma ahora el derivado del imperio de los SMS.
La economía que exige el uso de los mensajes cortos no ha tardado en
trasladarse a los exámenes, en los que cada vez es más usual encontrarse
con abreviaturas del tipo “xq” en lugar de porque o por qué.
La tendencia resulta aún más preocupante de lo que resume este ejemplo,
puesto que se han advertido grandes dificultades a la hora de discernir
cuál es la escritura correcta: si la que imparten en la escuela o la que
se utiliza en chats y SMS.
Para Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona, ex ministro de Educación y
Ciencia, esta utilización del lenguaje está provocando en los jóvenes
“una pérdida de visión de las palabras y del lenguaje correctamente
escrito. Acaba siendo una jerga que se aleja tanto del lenguaje culto
como del común. Sobre todo está acentuando la lejanía ortográfica”.
Leer o abreviar
Destaca también el vínculo establecido entre esta situación y el
reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) sobre la preocupante situación de la educación española
respecto a los países más desarrollados. El pobre índice de comprensión
lectora se corresponde con que uno de cada cuatro alumnos de Secundaria
no lee “nunca o casi nunca”, mientras que el 40% de ellos lee una vez
cada tres meses. Lo cual no debería ser de extrañar, puesto que en la
mitad de los hogares los libros brillan por su ausencia.
Fuera del ámbito educativo, son dos las tendencias que se profundizan.
Por un lado, las crecientes ganancias que dejan los servicios de SMS,
presentes ya en la práctica totalidad de concursos televisivos como
forma de participación. De otro, las advertencias lanzadas desde
numerosos organismos: la fiebre del teléfono móvil, SMS incluidos, ha
comenzado a devolver los primeros cuadros de adicción, como si de una
drogodependencia se tratara. Ansiedad, trastornos de conducta y
alimentación y fracaso escolar son algunos de los síntomas detectados en
jóvenes crecidos en este mundo de innecesaria inmediatez.
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