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Juan
está preocupado. Ha dejado de fumar pero no se ha olvidado del aroma del
tabaco. Tiene una hija de 16 años, un chaval de 14 y un cuarto de baño
que huele a alquitrán. "Con lo que me costó dejarlo, ahora ver que uno
de ellos anda fumando a escondidas... lo peor es la sensación de que
tienes un poco de culpa en ello" dice este padre.
Sobre el
tabaco podemos sacar muchas filosofías, pero la verdad es que hay por
ahí unas cifras que asustan y que pillan de lleno a nuestros hijos:
un 21% de los niños ya ha fumado ¡antes de los 12 años! Y luego de
adolescentes, andan enganchados uno de cada tres.
Los niños
y el tabaco cada vez están más cerca los unos de los otros: ahora
nuestros hijos manejan más dinero, más libertad, más tiempo solos,
y, sin duda, crecen más rodeados de un mundo de publicidad y cine que no
siempre les da unos ejemplos adecuados.
Por ejemplo,
en 1988 una tabacalera empezó una campaña publicitaria en la que contaba
las aventuras de un tipo fortachón que tenía aventuras en sitios
exóticos y lejanos, todo ello mientras caían a sus pies chicas
guapísimas. La campaña, puestos a vender, fue un "éxito": el 30% de
los niños de 3 años y el 80% de los de 6 asociaban al protagonista y sus
aventuras con la marca de tabaco del anuncio. Si antes la compañía
le vendía 720 millones de pesetas a los menores de 18 años, después de
los anuncios subió a 57.120.
Afortunadamente, en esto de los anuncios, parece que se está empezando a
tomar medidas, pero los padres no podemos descuidar el asunto. Aunque
seamos fumadores, sería un error muy grave que no hiciésemos cosas para
proteger a nuestro hijo del tabaco, sobre todo en la infancia y en la
adolescencia, que es cuando forman su carácter y aprenden esos hábitos
que van a acompañarles el resto de su vida.
A educar se
empieza desde pequeñitos
Está
comprobado: los chicos que no han fumado a los dieciséis es muy difícil
que luego se vuelvan adictos a la nicotina, y al contrario, según la
Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente (AACAP),
"cuanto más temprano una persona comienza a fumar, mayor es el riesgo
que corre su salud y más difícil se le hace dejarlo".
Por eso
los expertos en educación recomiendan ir educando en el rechazo al
tabaco ya desde los cinco años. En esta primera fase tienes que:
-
Señalarle los peligros del tabaco y los horrores que causa a la
salud. Cuéntale el caso de alguien cercano que haya tenido algún
problema.
-
Hay cosas
que ya podemos empezar a explicarle (sobre todo si está en edad de
cosernos a preguntas). Trata de hablar con él y explícale que el
tabaco es algo que engancha, que quienes lo fuman tienen que pasar
horrores luego para dejarlo, y que si lo ve en tantas películas
con normalidad, es porque detrás de eso está la gente que intenta que
te gastes dinero fumando, así que hay que ser más listos que ellos y
no dejarse engañar.
-
Seguramente le hayáis visto en algún momento arrugando la nariz y
quejándose del olor de algún puro o cigarro. Esa reacción es la
respuesta que tenemos por naturaleza cuando aún no nos han convencido
de que necesitamos echarnos un pitillo de vez en cuando. Tenemos que
hacer caso al niño e intenta prohibir que se fume a su lado (en el
salón, en el coche...).
Se trata
de instaurar unas medidas para que el niño no crezca con los humos como
algo normal y vaya haciéndose la idea de lo malo que puede ser empezar a
fumar. Esta campaña doméstica es algo que debemos ir continuando en
el tiempo, cuando por ejemplo veamos juntos en la tele a alguien que
esté fumando, sepamos de algún amigo suyo que ya fuma, o simplemente nos
haya pasado algo relacionado con el tabaco, entonces tenemos que
aprovechar para hablarlo.
A veces
nuestros hijos se acercan al tabaco porque así consiguen dar una imagen
más adulta, más integrada con los chicos de su círculo. Contra ello
también se puede educar en un mundo donde nos dejamos los dineros en
comprar colonias con las que gustar a los demás.
"Yo a los
míos siempre les estuve diciendo que al fumar se te queda ese olor
desagradable pegado al cuerpo, a la ropa y al aliento, y que si querían
gustar a una chica (tengo tres hijos) lo iban a tener muy mal porque las
fumadoras no llevamos bien esto de que no nos guste como huele nuestra
pareja". Es la experiencia de Maria Dolores, madre de tres hijos que ya
han pasado los 20 años y de los cuales uno, "pese a mucho batallar", se
le ha hecho fumador. "Pero empezó con 20 años y ahí, yo creo que ha sido
responsabilidad suya porque yo, en la infancia y adolescencia, que es
cuando me hacía caso, le he intentado influir para que no cayese en
eso".
Pero, ¿y si
ya ha empezado a fumar?
Como Juan,
muchos padres se llevan un día la sorpresa con un extraño olor en el
baño, en las ropas de nuestro hijo, un cierto tono amarillo de los dedos
o dientes, una impaciencia hasta entonces desconocida para salir de casa
o buscar los rincones donde estar un rato solo, un buscar dinero en
pequeñas cantidades pero constantemente, verle un día en la calle sin
que él lo sepa...
Si
nuestro hijo se ha iniciado ya en el tabaco, no nos queda más remedio
que cambiar de estrategia, y para ello, lo primordial será hablar con
él, enterarnos de sus circunstancias y lo que le anda preocupando
para detectar qué puede haberle llevado a dar el paso y, si ya es un
fumador habitual o solo está "tonteando" con ello. Para poder saber de
él, lo principal será no asustarle, no enfadarnos porque fume.
Si está
metido en la adolescencia, también es una muy buena ocasión para
demostrarle que el que él quiera hacer cosas que a nosotros no nos
gustan no hace que le queramos menos, que le respetaremos si va a tomar
esa opción, pero si va ha hacerlo, nos gustaría discutirlo porque no
creemos que sea una buena idea.
Como hemos
dicho, puede que lo haga para sentirse aceptado, y entonces lo único que
podemos hacer es enseñarle que así, imitando lo que hacen los demás,
podrá sentirse acompañado, pero no les está enseñando quién es él
realmente, y eso si que es una pena: hay que conseguir amigos que nos
quieran como somos, porque como la confianza que tengan en nosotros
dependa de algo tan absurdo como fumar o no, es que esos supuestos
amigos merecen muy poco la pena.
Dejando bien
claro que lo mejor es que no fume y que hay que evitárselo con educación
y hablando, si ya resulta que esta batalla está perdida, habrá que poner
unas normas para la convivencia. Muchos padres se preguntan si
deben dejar a su hijo fumar en casa, o ayudarles con el dinero para que
se puedan comprar los paquetes que gasten.
Sobre el
dinero, ni hablar. No sería justo que le diésemos más dinero porque esté
empezando a fumar. Lo que si es verdad es que, con el tiempo, si se hace
un fumador habitual, tendrá un gasto que habrá que pagarse de alguna
forma. Como siempre en estos casos, negócialo con él, que te de algo más
si va a recibir más dinero (podéis pedirle más tiempo estudiando, más
ayuda en casa...).
Lo de que
fume delante de nosotros rompe una barrera y eso podemos aprovecharlo. O
si no que se lo digan a Ana: "Recuerdo que mi madre, cuando se enteró
de que fumaba (y se enteró muy rápido porque siempre ha tenido un olfato
finísimo), me cogió y dijo que si era capaz de fumar en la calle, tenía
que ser también igual de "valiente" y hacerlo delante de ella. Mi
madre nos imponía mucho, y, porque soy desde siempre muy cabezona, pero
cada vez que fumaba delante de ella se me quitaban las ganas de todo".
Si en
vuestra casa no fumáis ninguno, sería absurdo que él ahora vaya a
cambiar las normas de la casa, así que tendrá que adaptarse a que no
queréis ningún olor a tabaco en la casa. Si necesita fumar tendrá que
salir al patio, a la calle o, si lo ves conveniente, a su cuarto.
Pero si en
casa ya fumáis, la cosa cambia: si está en edad de poder fumar, no
debería tener que esconderse, puesto que ya habéis aceptado el fumar
como algo de la casa. Lo ideal, como supongo que ya sabes, es que
aproveches el que él este fumando y os comprometáis los dos a dejarlo.
Sería algo muy bueno no solo para vuestra salud, sino para vuestra
propia relación, pues luchar juntos por algo así os dará una confianza e
intimidad muy importante. |