Período de Adaptación sin angustias

 

 

La entrada del niño en la Escuela Infantil supone para él un importante cambio: implica la salida del mundo familiar donde el niño ocupa un papel determinado, con una forma determinada de comunicarse y relacionarse con los componentes de la misma, con un espacio que le es conocido y le da seguridad y protección; todo esto va a modificarse sustancialmente: su mundo de relaciones va a ampliarse al salir del círculo estrecho familiar (nuevos adultos y nuevos niños) y va a entrar en contacto con un nuevo espacio (la escuela).

Todo esto va a suponer un conflicto básico: la separación mutua. Esta primera separación y la forma en cómo se resuelva va a tener una gran trascendencia en el futuro proceso de socialización y de aprendizaje. Es por ello que consideramos de vital importancia la atención cuidadosa de este proceso, poniendo los medios y actitudes tanto personales como institucionales más aptos para su solución adecuada.

Entendemos este periodo de adaptación como un cambio mediante el cual el niño va asimilando sentimentalmente tanto los inconvenientes en el sentido de que la separación le va a resultar dolorosa, y de ventajas porque esta separación le va a suponer adquirir y afianzar sucesivamente su autonomía personal y grado de socialización, pilares básicos para la estructuración de su personalidad. Para todo ello va a necesitar que el entorno de adultos le ofrezca una gran comprensión y ayuda, ayuda que no consiste en evitar sus sentimientos y conflictos, sino en entenderlos.

Si hablamos de separación mutua de niño-familia, entendemos que no sólo se adapta el niño, sino que los padres van a tener que adaptarse también. Los padres tendrán una gran influencia en sus temores, sus expectativas, su ansiedad, su seguridad o inseguridad en el paso que han dado, su grado de confianza en las posibilidades del niño y de la escuela... todo ello es transmitido y captado por el niño. Si a esto unimos la actitud de algunos padres de utilizar el chantaje afectivo ("no llores que mama se va triste") o la mentira ("no llores que mama viene ahora") o el engaño (la utilización de juguetes y golosinas para que el niño se quede en la escuela), comprendemos facilmente que no se le está ayudando al niño en el proceso de adaptación, sino todo lo contrario.

No es cuestión de "esforzarse" ni de "engañarnos" o "engañar" al niño sino de aportar y resolver esta situación, de ahí la importancia de la seguridad que la escuela les ofrezca y del estrecho contacto con los educadores-as.

Pero no todo acaba aquí, dado que la escuela y educadores-as también nos adaptamos; éste será un factor muy importante. La capacidad que una institución (escuela) o un educador tengan de amoldarse a lo que el niño trae, a su ritmo, a sus costumbres, a sus particularidades de adaptarse y acercarse a cada niño, de recibirle con su individualidad, con un profundo respeto, va a posibilitar que el cambio sea gradual, que sea progresivo y fluido.

Esperamos que esta información os sirva de reflexión y ayuda para poder superar la angustia que os supone dejar al niño-pequeño en la Escuela Infantil; y de que comprendais que cada niño tiene un ritmo de adaptación personal que hay que respetar. Así si el niño manifiesta rechazo a la escuela llorando, no comiendo, no durmiendo, aislándose, etc... sepais que estas son manifestaciones normales de este periodo y que si lo entendemos de una forma natural (sin angustias ni de los padres ni de los educadores-as) estaremos ayudando al niño en la resolución de este proceso que es el periodo de adaptación.